Depresión infantil

La depresión no sólo afecta a los adultos como podría pensarse. Un/a niño/a también puede sentirse triste, apático y no conseguir que nada le haga feliz.

¿Cómo sabemos que un/a niño/a tiene depresión? Los síntomas más comunes que aparecen son tristeza, anhedonia (pérdida de placer), llanto fácil, irritabilidad, baja autoestima, sentimiento de no ser querido, cambios de apetito, cambios en el sueño e incluso, ideas suicidas.

El cómo puede llegar un niño o una niña a tener depresión no está muy claro. Sin embargo, hay varias teorías. La conductual nos dice que puede ser consecuencia de la falta de refuerzos, acontecimientos negativos que han podido ocurrirle al/a niño/a o la deficiencia en las habilidades sociales.

La teoría cognitiva habla de que la depresión en los/as niños/as puede aparecer por la existencia de juicios negativos sobre uno mismo, la experiencia que tenga de fracasos, la aparición de la indefensión aprendida o por las atribuciones negativos que nos hagamos o que nos hagan.

La teoría biológica nos indica que puede deberse a una disfunción del sistema neuroendocrino (aumentan los niveles de cortisol y disminuye la hormona del crecimiento), por una disminución de la serotonina o por la herencia.

La influencia de la familia es muy importante ante la aparición de la depresión infantil. Su casa y su familia, es su entorno más cercano y por lo tanto, todo lo que pase ahí dentro va a ser esencial para el desarrollo del/la niño/a. El apego que se tenga entre la madre y el/la hijo/a desde su nacimiento es el factor que le proporciona seguridad ante la vida y el desarrollo emocional y una buena relación con sus progenitores es muy importante para hacerle feliz.

Los hermanos también tienen una clara influencia ante la depresión. Una buena relación entre ellos y que sus padres no tengan una preferencia mayor por unos que por otros, hará menos probable que desarrolle una depresión.

Una vez que ésta ha aparecido se debe tratar cuanto antes para que no se agrave. Los tratamientos son psicológicos, farmacológicos y combinados. Dentro del psicológico hay varias terapias: Coginitivo-conductual, Familiar, Psicodinámica Conductual, Interpersonal, Grupal y de Apoyo.

Los tratamientos farmacológicos se centran en Antidepresivos Tricíclicos e Inhibidores de la recaptación de la serotinina.

Aunque nos parezca imposible pensar que un/a niño/a pueda desarrollar una depresión, es más común de lo que parece. Por ello, en los últimos años, este tema ha cobrado una gran importancia entre la comunidad científica para dar tratamientos y soluciones que funcionen.

Más información: www.psicologoinfantil.com

Fotografías: www.aztecanoticias.com.mx y www.psievalpsieval.blogspot.com

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Problemas de eliminación en la infancia: la enuresis

A veces nos encontramos con casos de niños/as que a ciertas edades, todavía no tienen un control sobre sus esfínteres o que ya lo tenían, pero lo han perdido.

Existen dos problemas de eliminación: enuresis y encopresis.

Nos centraremos en la enuresis, que es la emisión repetida de orina durante el día o la noche, en la cama o en la ropa, de manera involuntaria o, en ocasiones, intencionada. Tiene que haber ocurrido por lo menos dos veces por semana durante un mínimo de tres meses, con una edad cronológica igual o superior a 5 años y si ocurre en niños con retraso mental, tiene que ser una edad equivalente.

Las causas pueden ser por muchos motivos: neurólogicas, falta de aprendizaje, anatómicas, etc. Por ello, para tratarlo habrá que recurrir a distintos métodos. Pero lo primero que hará el especialista es un examen médico y exploratorio, una entrevista con los padres, la observación conductual y el empleo de registros.

Para tratarla, existen tratamientos psicológicos como la alarma nocturna, que se activa cuando nota que el niño se está orinando; un entrenamiento en retención, es entrenar al niño a que cada vez tenga más volúmen en su vejiga; y el entrenamiento en cama seca, que consiste en tumbarse sobre la cama, contar hasta cincuenta e ir al baño, y repetirlo durante veinte veces.

De estos tratamientos, se ha comprobado que el más eficaz es la alarma nocturna, que combinada con el entrenamiento en retención, se considera muy efectivo.

Entre los tratamientos farmacológicos, se administran antidepresivos; desmopresina, que es una hormona antidiurética; oxibutinina, que hace que disminuyan las contracciones espontáneas de la vejiga: y otras sustancias como sedantes o estimulantes.

Sin embargo, son más efectivos los tratamientos psicológicos que los farmacológicos. Ya no sólo por lo bajos índices de mejoría obtenidos, sino que también hay un alto índice de recaída una vez finalizado el tratamiento.

 

Más información: “Tratamiento psicológico de problemas infantiles”, Jiménez Hernández, Manuel.

Fotografía: www.unenagudeseletaja.blogspot.com

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¿Cómo disminuir la conducta agresiva en los/as niños/as?

Muchos/as niños/as, son impulsivos/as cuando se enfadan. Primero actúan y luego piden perdón cuando los padres les regañan. Esto es un problema para los padres que no saben qué hacer para que sus hijos/as no se comporten así con ellos y con los demás.

Pero, ¿qué hacer para disminuir el comportamiento agresivo e impulsivo que tiene mi hijo/a?.

  • Normas: es importante que el/la niño/a sepa qué es lo que debe hacer y lo que no. Hay que recordárselo constantemente para que lo tenga presente. Por ello, es bueno escribirlas en una cartulina o en un papel y colgarlas a la vista de todos.
  • Empezar y acabar las tareas. Si nunca acaba lo que empieza, es un problema de autocontrol y por lo general, nos indica que hay un problema de atención. Podemos enseñarle un esquema de las tareas que debe realizar y ayudarle a que las acabe con éxito. Si una tarea es muy complicada o se dilata en el tiempo, podemos fragmentarlas en pequeñas subtareas que vaya realizando y acabando, para que se dé cuenta de que es posible terminar lo que se empieza.
  • Premiar las buenas conductas e ignorar las inadecuadas. Nos centraremos en aquello que el/la niño/a hace de manera correcta (recoger sus cosas, poner la mesa, acabar los deberes, trabajar en silencio…) y no le haremos caso a aquello que le impide tener un buen comportamiento (lloros, rabietas, gritos, insultos, tirar cosas al suelo…). De esta manera, él o ella entenderá que los malos comportamientos no nos afectan y no llaman nuestra atención, sin embargo, aquello que hace de manera correcta, obtiene nuestra atención y una recompensa.
  • Aumentar su motivación. Este es un factor muy importante a trabajar con los/as niños/as. Si su motivación sobre algo es grande, su comportamiento será mucho mejor que si va a conseguir o hacer algo que no le interesa. Por este motivo, debe saber en todo momento qué es lo que conseguirá al acabar sus tareas. Pero para que la motivación sobre algo no disminuya o se acabe, deberemos presentarle nuevas situaciones que le gusten para que no se sacie siempre de las mismas.

Mediante estos consejos, los/as niños/as mejorarán su conducta al saber dónde están los límites de su comportamiento, las normas que deben seguir y aquello que obtendrán tras la realización correcta de sus tareas.

 

Más información: “El Manual de Super Nanny”

Fotografía: www.juegoyagresividad.blogspot.com

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Economía de fichas

La economía de fichas es un método muy utilizado para la modificación de conducta de los/as niños/as e incluso en adultos. La correcta aplicación de esta técnica, hará que el/la niño/a cambie por completo su conducta inadecuada por una más correcta.

El objetivo de la economía de fichas es que el/la niño/a esté motivado para ciertos aprendizajes y para realizar conductas adecuadas. La edad de aplicación puede ser muy variada adaptando los reforzadores a cada nivel. Dentro de la Educación Especial es muy utilizada debido a su alto porcentaje de efectividad.

Pero su aplicación puede que no resulte efectiva en algunos casos si no tenemos unos reforzadores potentes. El reforzador también depende de cada niño/a, mientras unos quieren jugar con algún juguete, otros quieren una chuchería o una sesión de cosquillas en la espalda. Así que si para el/la niño/a es potente funcionará, sino se frustrará y no le interesará el premio.

Las fichas que utilizaremos también pueden variar. Desde canicas, tazos, pegatinas, o cualquier cosa que se nos pueda ocurrir funcionará.

Es importante, que para que el/la niño/a sepa bien cómo debe ganar las fichas, le expliquemos antes de comenzar a usarla, en qué consiste la técnica y que obtendrá a cambio.

 

Más información: www.psicodiagnosis.es

Fotografía: www.picasaweb.google.com

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Los celos infantiles

Cuando llega un/a hermanito/a a la familia, es muy normal que el niño o la niña que ya estaba antes pueda sentir celos hacia esa nueva personita que ha entrado en su vida.

Los celos son sentimientos que surjen cuando percibimos una amenaza sobre algo que nosotros consideramos propio. Un/a niño/a que ha sido el rey de su casa y el centro de atención, cuando tiene que compartir esa atención con otra persona, no es de su agrado. Y más, cuando el/la nuevo/a hermanito/a es pequeño/a y necesita muchos cuidados por parte de los padres.

Cuando un/a niño/a está celoso de su o sus hermanos, los padres no pueden tener una actitud ni demasidado permisiva, ni lo contrario, demasiado represora. Si no se corrige esta conducta a tiempo, los/as niños/as están aprendiendo que no es malo ser rivales de sus propios hermanos. Sin embargo, si le prestan mucha atención, también se puede prolongar en el tiempo esta conducta, porque el/la niño/a aprende que de esa manera tendrá toda la atención de sus padres.

Es muy importante que los adultos enseñen a sus hijos/as actitudes de cooperación y no competitivas. Si les enseñamos a ser generosos y a compartir aquello que tienen con los demás, serán menos egoístas, más generosos y de esta manera, no sentirán rivalidad los unos con los otros.

Por ello, no se debe comparar entre hermanos/as, ya que cada uno es diferente. Y por supuesto, no hay que manifestar ninguna preferencia por un hijo u otro. Debemos demostrarles, que todos son importantes.

La mejor manera de evitar los celos es prevenir, pero si ya han aparecido hay que intervenir de la siguiente manera:

  1. Fortalecer la autoconfianza del/la niño/a, evitando comparar efectos, pertenencias…
  2. Educación de la afectividad basada en la cooperación, la confianza en los demás, el altruismo y una visión positiva de las relaciones humanas.
  3. Modificación de conducta, reforzando aquellas conductas positivas e incompatibles con los celos, y sobre todo, ignorando las inadecuadas.
  4. Ayudar a discriminar y comprender las verdaderas causas de los problemas y de los éxitos. Se consigue a través del diálogo razonado y de la coherencia de nuestras actuaciones.

Es normal el sentimiento de celos entre hermanos/as, pero hay que intervenir a tiempo para que no construya un ambiente de rivalidad entre ellos.

 

Más información: www.aytopriegodecordoba.es

Fotografía: www.psicodiagnosis.es

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La televisión y los niños

Desde hace algunos años, la televisión se ha convertido en el centro de una casa. Muchos de los integrantes de una familia se pueden pasar horas delante de la televisión viendo todo tipo de programas que hacen y sin comunicarse los unos con los otros.

¿Qué pasa con los niños que se sientan delante del televisor? ¿Los padres deberían prohibirle ver los dibujos o programas que hacen?

Hay tres criterios a tener en cuenta a la hora de dejar que los menores vean la televisión:

  1. Controlar el tiempo que el/la niño/a la ve y no permitir que sea su canguro.
  2. Conocer siempre el contenido de los programas o series que ve.
  3. Sentarnos con ellos/as a verla. Esto es importante para que el adulto le explique aquello que no entienda y no haga su propia valoración que en ocasiones puede ser errónea.

Un punto importante es saber qué programas le gustan, en qué canales se emiten y en qué horario. De esta manera, los adultos nos encargaremos de que vean aquello que les guste y que dejen de verla una vez acabado el programa o serie que estaban viendo.

La televisión o la caja tonta como se le ha llamado siempre, tiene un valor de entretenimiento muy bueno para todos, sin embargo, hay que saber hacer un uso correcto con los niños/as. No se debe utilizar mientras comen, hacen los deberes o como forma de mantenerlos entretenidos y que no molesten a los demás.

 

 

Más información: “El Manual de Super Nanny”

Fotografía: www.eligevivirsano.cl

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¿Cómo podemos ayudar a un/a niño/a tímido/a?

La timidez infantil está definida como “aquellos niños con un patrón de conducta caracterizado por un déficit acusado en las relaciones interpersonales y una tendencia estable y acentuada de escape o evitación del contacto social con otras personas”. A pesar de que hay muchos niños y niñas tímidos, no ha sido objetos de grandes estudios, por lo que ha está muy determinado.

Pero existen muchos niños y niñas tímidos/as en su infancia, que se mantienen así de adultos. Una vez llegada a la vida adulta con un grado elevado de timidez, puede afectar a tu día a día y convertirte en una persona muy callada, sin vida social y aislada del mundo.

Por ello, hay una serie de pautas para ayudar a los niños/as tímidos/as a superar su miedo a relacionarse con los demás y coger confianza en sí mismos:

  1. Primero, debemos conocer el origen de su timidez. Pueden ser diversas causas: genéticas, ambientales…
  2. No hay que forzarles a enfrentarse a situaciones nuevas que les estresen y agobien. Hay que empezar por aquellas que ya conocen y conseguir que tenga éxito en éstas.
  3. No compararlo/a con los demás, porque se sentirá ridiculizado/a.
  4. Es importante que él o ella sepa que conocemos el problema, que le entendemos y que queremos ayudarle.
  5. Siempre darle confianza, para que poco a poco la tenga en sí mismo/a. Animarle cada vez que consiga superar una situación que antes le suponía un gran esfuerzo.
  6. Tratar su problema con naturalidad, que no vea que todo el mundo está pendiente de lo que hace y lo que no.
  7. Vigilar y corregir aquellas verbalizaciones irracionales o exageradas, como por ejemplo: “soy un/a inútil”.
  8. Es bastante útil buscar un/a amigo/a de su edad que le sirva de modelo para enfrentarse a algunas situaciones.
  9. La timidez no es algo malo. Tener un pequeño grado de ella es bueno, pero una vez que afecta a tu vida diaria, es cuando se convierte en un problema que es conveniente solucionar.

La timidez entra dentro de nuestro ciclo evolutivo. Durante la vida, hay momentos en los que estamos más predispuestos a ella, como por ejemplo, en la adolescencia. Y el niño tímido, será un adulto tímido, sin embargo, aprendiendo una serie de herramientas psicológicas, conseguirá vivir de una manera natural las situaciones en las que tenemos que relacionarnos, que son bastantes a lo largo de nuestra vida.

 

Más información: www.psicodiagnosis.es

Fotografía: www.rcajal.es

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¿Para qué utilizan la agresividad los/as niños/as?

Los/as niños/as, al igual que los adultos, utilizan la agresividad en algún momento con diferentes objetivos. ¿Para qué sirve la agresividad?

Un comportamiento agresivo se utiliza para intimidar a alguien. Esta intimidación consigue evitar el enfrentamiento y que una de las dos partes se considere sumisa. El/la niño/a con la agresividad mostrada hacia el adulto o hacia otro/a niño/a, se crece para dominar a la otra parte.

Pero también utilizamos la agresividad para conseguir lo que queremos. Es una preparación para la lucha y sólo hay que ver cómo cambia nuestro cuerpo para darnos cuenta de que es una preparación para pasar a la acción. Sin embargo, cuando el/la niño/a recurre a la violencia constantemente, se siente desadaptado socialmente y esta agresividad es un problema para su entorno más cercano, ya que los humanos, al contrario de los animales, no recurrimos en general a la agresividad para conseguir lo que queremos.

Otro objetivo de la agresividad es definir la personalidad del/la niño/a. El comportamiento agresivo de un/a niño/a se presenta más veces en alguna de las etapas de su vida. Existe la etapa del no, donde trata siempre de imponer sus deseos y cuando se le niegan, se enfada y recurre a la agresividad. En este periodo, alrededor de los 2 o 3 años, se siente más autónomo y piensa que sus necesidades son lo primero, por encima de lo que diga el adulto.

Los padres ante esta etapa, se sienten disgustados ya que no entienden por qué su hijo/a se ha convertido en un niño/a agresivo de la noche a la mañana. Pero solamente es un periodo pasajero.

Lo importante es que los padres se mantengan firmes en sus normas y den también refuerzos cuando vean que su hijo/a ha cambiado su conducta agresiva por una adecuada. Los niños no van en contra de sus padres, sino que están intentando saber hasta dónde pueden llegar y quien mejor les puede enseñar de dónde están los límites son sus padres.

 

Más información en el “Manual de Super Nanny”

Fotografía: www.maestropsicologo.com

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La Inteligencia Emocional

¿Qué es la Inteligencia Emocional? Se trata de un término que designa, según el psicólogo Daniel Goleman, “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y manejar bien las emociones, en nosotros mismos y en nuestras relaciones”.

La IE la componen factores tanto de desarrollo personal como desarrollo con el entorno. Los primeros son: autoconocimiento, motivación, autoestima, pensamiento positivo y control de impulsos. Los que tienen que ver con el entorno son autonomía, empatía. solución de conflictos y habilidades de comunicación.

Es importante saber identificar las emociones propias como las de los demás, ya que de esta manera reconoceremos nuestros sentimientos. Existen varias emociones que se dividen en básicas como son el miedo, la sorpresa, la aversión, la ira, la alegría y la tristeza; y en secundarias, la vergüenza. la culpa y el orgullo.

Dentro del desarrollo de la inteligencia emocional de un/a niño/a, tiene un papel fundamental la familia, ya que los desde pequeños imitan los comportamientos de los adultos. Por lo que si éstos son afectivos, ellos/as también lo serán. Los padres que son inteligentes emocionalmente aceptan a sus hijos con sus defectos y sus cualidades, les dan mensajes positivos para que entiendan las consecuencias de sus conductas, los educan de manera correcta.

Los/as niños/as irán aprendiendo y madurando emocionalmente poco a poco. Es un proceso que se va a aprendiendo con los años. Para que lo hagan de la manera correcta y los padres sean sus mejores maestros, deben darles confianza, ponerse en su lugar para saber qué sienten, fomentarles la sociabilidad. De esta manera, les servirá para desenvolverse en la vida.

 

Más información en “El Manual de Super Nanny”.

Fotografía: www.buenasiembra.com

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La importancia de la autoestima en la infancia

Es fundamental que un niño tenga una buena autoestima ya que eso le va a afectar en muchos aspectos de su vida infantil y adulta.

La autoestima va a determinar la imagen y el concepto que el niño o niña tenga de sí mismo y de aquello que le diferencia de los demás. Por ello, es muy importante que los padres ayuden a que su hijo no tenga una mala imagen de sí mismo y que le enseñen que se debe aceptar con sus defectos y sus virtudes.

El concepto que tenga de sí mismo le afectará en muchas áreas: la salud física y mental, el rendimiento escolar, habilidades sociales, interpretación sobre lo que pasa a su alrededor…

Si tu hijo o hija tiene una baja autoestima, va a tener una alta probabilidad de desarrollar ansiedad y depresión, que le afectarán a la salud física. Si el niño o la niña tiene las suficientes herramientas para afrontar esas situaciones su autoestima será alta.

Existen una correlación entre la autoestima y el rendimiento escolar. El niño o la niña que tiene un buen rendimiento en el colegio, tiene una autoestima alta. Ellos mismos estarán contentos con los esfuerzos que hacen porque tienen buenos resultados. Aquellos que tienen una baja autoestima, atribuirán sus éxitos a factores externos y sus fracasos a ellos mismos. No se verán capaces de hacer las cosas bien.

De esta manera, al ver que su hijo o hija tiene un mal rendimiento escolar, los padres creen que es porque el niño es un vago o porque les quiere hacer sufrir.

En la interpretación que hace el niño o la niña de las cosas que suceden a su alrededor también influye la autoestima. Todas las situaciones que vive un pequeño, están condicionadas por su manera de interpretarlas. Para ello, los padres deben ayudarles. Según cómo les digas las cosas, las pueden interpretar de una manera correcta o incorrecta. Ante “ya has vuelto a poner la mesa mal, una vez más”, el niño o la niña pensará “soy un torpe, nunca sé poner la mesa y mi madre se enfadará conmigo siempre”. Tampoco es correcto quitarle importancia al asunto. “No pasa nada porque se haya roto el plato, era viejo y no me gustaba”.

En el área de las habilidades sociales y de cómo se relaciona con los demás, la autoestima es muy importante ya que ante una baja autoestima se mostrará más retraído delante de los demás que si tiene una alta autoestima que no tendrá ningún reparo en dejarse conocer.

Si un niño o una niña crece con una autoestima alta, cuando sea adulto o adulta se querrá como es con sus defectos y virtudes y se afrontará a la vida de una manera más adecuada.

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